Los cientificos tratan de crear vida Parte 2/3
Los doctores Stanley Miller y Sydney Fox fueron dos de los primeros científicos en intentar experimentos de laboratorio destinados a probar que la vida podía surgir espontáneamente. Diseñaron un aparato Pirex que contenía metano, amoníaco y vapor de agua, pero sin oxígeno. A través de esta mezcla pasaron chispas eléctricas para simular relámpagos.
¿Cuál fue el resultado? No se produjo vida, desde luego, pero la electricidad sí combinó algunos átomos para formar aminoácidos.
Aminoácidos: compuestos que constituyen las unidades más sencillas a partir de las cuales se pueden juntar las proteínas.
¿Probó acaso el experimento Miller/Fox que la vida pudo haber surgido finalmente en un antiguo mar donde hubiera caído un rayo? No, a decir verdad, los resultados debilitaron el caso. La mezcla de aminoácidos y otros químicos simples que se produjeron no es la correcta para dar origen a la vida. Todas las formas de vida utilizan aminoácidos que son exclusivamente del tipo "mano izquierda."
Ningún tipo de vida conocido puede usar una combinación de aminoácidos "derechos" o "izquierdos". ¡Tan siquiera agregar un aminoácido "derecho" a una cadena de aminoácidos "izquierdos" puede destruir la cadena en su totalidad! Cuando los aminoácidos se sintetizan en el laboratorio, siempre resulta una mezcla del 50% de los dos tipos. Sólo a través de muy avanzados procesos inteligentemente controlados se puede llegar a separar estos dos tipos.
Aunque este abrumador obstáculo no existiera, quedan problemas aún más grandes para que se produzca la vida. Existen numerosas razones por las cuales los aminoácidos se desintegrarían o no se formarían.Lo que es más, la vida requiere mucho más que aminoácidos. Una de las cosas necesarias son las proteínas; otra es un código ADN.
Proteínas: químicos extremadamente complejos (moléculas) compuestos de aminoácidos; se hallan en todos los animales y plantas.
Químicos + Energía: ¿Podrían estos elementos haber dado a luz a la primera forma de vida?
Un químico calculó las inmensas probabilidades en contra que existían para que los aminoácidos se llegaran a combinar para formar las proteínas necesarias por medios "no dirigidos". Él calculó que la probabilidad en contra de que se formara aun la más pequeña proteína era de más de 10 a la 67ava potencia a 1 (1067:1) contando con el tiempo y la casualidad, en una mezcla ideal de químicos, en una atmósfera ideal, dándole hasta 100 mil millones de años (una edad 10 a 20 veces mayor que la que se supone tiene la Tierra).Generalmente los matemáticos concuerdan en que, estadísticamente, más allá de 1 en 10 a la 50ava potencia (1:1050) no hay probabilidad de que alguna vez ocurra algo así ("¡y aún eso le otorga el beneficio de la duda!")
Varios investigadores muy calificados sienten que han comprobado científicamente, más allá de toda duda, que las proteínas necesarias para la vida nunca podrían haber llegado a existir por casualidad o por cualquier otro proceso natural.